Neófito

Publicado en Hace años el 28 de Septiembre, 2006, 22:51 por GAGV
Cuando estaba en la universidad, hace mas de 20 años, llegó a mis manos de manera casi casual un libro que me resultó un tanto incomprensible, que me costó trabajo descifrar, y en el que me resultaba difícil hallar la continuidad.

Era una especie de índice alfabético de fichas o definiciones de conceptos relacionados con la comunicación. En la ficha de un concepto determinado se hacía referencia a la página en la que se encontraban otros conceptos mencionados en el texto de la descripción.

En aquel tiempo yo acostumbraba a leer los libros de principio a fin, si eran literatura, o consultar los índices buscando una temática específica para hurgar en la consulta; los índices alfabéticos los identificaba más bien con diccionarios y enciclopedias, y éste no era lo uno ni lo otro.

Yo leía por gusto, por costumbre y disciplina, por eso este libro raro me planteó un reto.  Lo leí de principio a fin, como yo estaba acostumbrado, pero sin entender bien a bien lo que estaba leyendo, y no encontrando mucha relación entre las ideas ordenadas alfabéticamente que leía yo en forma consecutiva.

En ese entonces yo conocía las computadoras únicamente de nombre; no entendía que eran, no sabía que hacían, y lo único de que tenía noticia es que servían para hacer cálculos, calificar exámenes e imprimir unos calendarios muy chistosos con figuras dibujadas a partir de tipografía de letras, como dibujo hecho en puntos.

No tenía idea de que unos años después serían el instrumento de trabajo imprescindible en los negocios y muchas otras actividades cotidianas, y que la tecnología de comunicaciones permitiría que hoy la información que alguien necesite pueda estar accesible desde cualquier lugar del mundo mediante la red.

Hoy en día, los índices, los tutoriales y las búsquedas en Internet son alfabéticos; encontramos las cosas relacionadas por categorías, perfiles y temas, la forma en que accedemos a la información a través de las computadoras está organizada en índices; la indexación posibilita la búsqueda, y la relación de contenidos no está ya en el medio, como lo era el orden de los capítulos de un libo, sino en la mente del que está buscando.

Aquel libro era un vislumbre del futuro que ya es hoy; no era ciencia ficción, sino teoría de la comunicación, mostrándose a si mismo como ejemplo de la nueva forma en que se estructuraría el lenguaje, o más bien, los lenguajes, para responder a las necesidades de los medios electrónicos; la visión de una nueva forma de leer, la forma cibernética de aproximación a la información; una forma que ya no es novedosa para la generación que hoy tiene 13 años de edad, para la que ya resulta casi un arcaísmo leer un libro de principio a fin.

El libro de marras es Del Clisse al Arquetipo de Marshal Macluhan, que en tan sólo 20 años pasó de ser la vanguardia incomprensible, a un texto arcaico, que ya ni siquiera vale la pena consultar, mas que como curiosidad histórica, ya que su contenido y forma han sido totalmente asimilados por la tecnología, que determina la forma de aprender de las nuevas generaciones, y la de reaprender; re-aprehender, de  las generaciones cercanas y anteriores a la mía, si es que queremos tener vigencia en el mundo de la información globalizada; que nuestra voz pueda escucharse en la aldea global.

Y así es que me encuentro ahora, como un neófito en las tecnologías de la información y las comunicaciones, leyendo y escribiendo en este libro de arena que es la World Wide Web, persiguiendo la vigencia, tratando de vencer la resistencia al cambio, sin dejar de preguntarme si acaso tiene sentido persegir como un caracol a las gacelas... sin embargo, no dejo de pensar en el amor.

  

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